Nunca creí que un día despertaría sin el calor de tus labios sobre los míos. Aún siento su perfume, pero sé que ya no están. El tiempo va avejentando mi cuerpo, pero mi alma está paralizada el día que te vi partir. Y no puedo moverme, las formas se difuminan, cambian, ya no están ahí. Todo se oscurece.
El tiempo se detiene y solo puedo ver una imagen tuya ante mis ojos. Las puertas se abren y se cierran fuertemente, las luces parpadean tan rápido que explotan.
Siento frío en mis manos, mi corazón se congela; ya no late. Y tu ahí parada, sin moverte, como aquel alma en pena que atormenta mi conciencia y mi noción de la realidad.
Se hace difícil pensar y no temer en estas condiciones.
Me siento solo, desesperado y sin salida. Mi habitación, nuestra habitación ya no es lo que era antes. Ahora hay otros muebles, otras sabanas, otra ropa. No entiendo que pasa. Estoy enojado… ¡Que alguien me explique!
El tiempo.., ya no sé lo que es el tiempo. Todo se vuelve tan relativo, tan irreal que creo haber estado en esta habitación por años. Ya no veo más tu reflejo. Ahora veo niños correteando, jugando, llorando, riendo.
Algunas veces viene su padre a leerle aquellas historias que tanto me leían de niño.
Yo no he cambiando nada, sigo igual que siempre. Pero siento más dolor que antes, sobre mis venas corre sangre. Ahora entiendo todo… Tu perdida, tu marcha me alejo de lo que más quería, de lo que más deseaba. Vivir…
¿Qué pasará después? No veo la luz brillante de la que tanto hablan.
Quizás estoy destinado a pasar toda la eternidad contando mis penas.
Hoy pude moverme, después de quién sabe cuántos años. Ya no estoy más enojado, entiendo el propósito de este viaje. Encontrarme a mí mismo y reconocer cuanto he perdido.
Recorro los pasillos de la casa. Está muy distinta, hay otras personas… Parecen ser buena gente. Pero algo impide que me quede a contemplarlos.
Algo me dice que atraviese ese portal y deje llevar mi alma a este merecido y tan ansiado descanso eterno.
Quizás este sea el fin, o tal vez el comienzo de algo hermoso.
Hasta luego amigos, nos veremos pronto.
Renzo Rubén Anconetani
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miércoles, 7 de julio de 2010
Nos veremos pronto
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lunes, 5 de julio de 2010
Estrellas
Deslumbrates, poéticas, lejanas... Cuando las observamos ellas ya no estan. Murieron; solo vemos su fantasma en la lejanía del cosmos como una aureola infinita de paz y fuego eterno.
Nos impactan. Su belleza sucumbe nuestro ser. Nos marean, nos confunde su incalculable proporción.
Oh! que divinas, tan perfectas, brillantes, petulantes. Pequeños puntos ardientes nadando entre mares de avismos oscuros y espacios vacíos de sociego y perdición.
Iluminan nuestro sendero, alumbran nuestra noche y navegan con el navegante que tan pasionalmente las comprende.
¿Por qué será que las contamos? Nos divierten, creemos entenderlas. Ellas nos entienden.
Somos pequeños puntos separados en el espacio. Nos parecemos a ellas, iluminamos el camino de las pasiones y del amor.
No hacen falta oraciones, tampoco canciones, ni peticiones. Ellas siempre estaran aunque hace millones de años, apagaron su luz para nunca más brillar.
Oh, las estrellas. Tan pequeñas, tan enormes. Guien nuestro sendero, que somos navegantes con nuestros corazones.
Renzo Rubén Anconetani
Nos impactan. Su belleza sucumbe nuestro ser. Nos marean, nos confunde su incalculable proporción.
Oh! que divinas, tan perfectas, brillantes, petulantes. Pequeños puntos ardientes nadando entre mares de avismos oscuros y espacios vacíos de sociego y perdición.
Iluminan nuestro sendero, alumbran nuestra noche y navegan con el navegante que tan pasionalmente las comprende.
¿Por qué será que las contamos? Nos divierten, creemos entenderlas. Ellas nos entienden.
Somos pequeños puntos separados en el espacio. Nos parecemos a ellas, iluminamos el camino de las pasiones y del amor.
No hacen falta oraciones, tampoco canciones, ni peticiones. Ellas siempre estaran aunque hace millones de años, apagaron su luz para nunca más brillar.
Oh, las estrellas. Tan pequeñas, tan enormes. Guien nuestro sendero, que somos navegantes con nuestros corazones.
Renzo Rubén Anconetani
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sábado, 30 de enero de 2010
Sueños reveladores
Primera parte:
[…] Desperté, no sabía donde estaba. Al mirar alrededor veo un camino largo de tierra, a mi costado derecho la nada pura, a mi costado izquierdo un lago sin fin. Sentía que a ese lugar yo no pertenecía, quizás era un sueño, quizás estaba muerto. No lo sabía.
Desesperado por saber donde me encontraba, me detengo a pensar como fue que termine ahí. Miles de pensamientos recorrían los vastos pasajes de mi mente, pero ninguno de ellos me decían que hacía en ese lugar.
Llegue a pensar que era el infierno, aquel lugar del cual no se sale jamás, aquel lugar donde mi alma es atormentada. Pero no lo sabía.
Decidí que era tiempo de averiguarlo. Tomé fuerzas y comencé a recorrer ese camino aparentemente sin fin. Pero luego de horas de un arduo caminar llegue a la conclusión que no avanzaba nada. Era todo tan monótono, tan único, tan irreal que sentía que siempre terminaba en el mismo lugar.
Nuevamente sentado a la vera del camino, sobre ese pedregal al lado del río.
-¿Qué hago aquí?
-¿Qué es este lugar? –Reclamé sin dudarlo, pero la nada misma devolvió mi eco miles de veces.
-Soy un buen hombre. –Me dije a mi mismo.
-¿Qué hice para terminar en un lugar así? –Le exclame a la nada misma.
De repente, no era mas una nada misma. Y del lago cristalino sale un hombre, no se distinguía bien, estaba a lo lejos. Mis ojos se entrecerraban, no podía verlo bien, pero sin darme ya cuenta estaba a mi lado. Aquél personaje misterioso, era una figura borrosa, no podía verlo, sentirlo ni tocarlo. Yo estaba paralizado, no podía moverme, seguía mirando hacia el lago, cuando esta figura se incorpora detrás mío y con su mano toca mi hombro. Era paz, amor y sabiduría lo que sentí en ese momento, mis miedos, mis penas se habían desvanecido.
¿Quién era este personaje tan misterioso? –Me pregunte atónito ante tan extraña situación.
El simplemente exclamo con una voz suave de seguridad.
-Yo soy quien cuida de ti, quien vela por ti, quien llora por ti.
-Yo soy el quien nadie tiene en cuenta, soy el que siempre esta ahí pero nadie ve.
-Yo soy tu alma, soy tu conciencia, soy tu vida.
En ese momento no supe que decir, estaba atónito.
-¿Estoy muerto? –Pregunto atemorizado.
-No, no lo estas, estas soñando. –Responde ese personaje tan misterioso.
-¿Y qué hago aquí? ¿Mi mente creo esto por que razón? –Volví a preguntar con mayor seguridad.
-Tú eres el plan del futuro de la vida como la conocemos. Tú eres la razón de ser, después de esta visión sabrás que no fue en vano, le darás al mundo una nueva razón de existir.
-¿Qué ves aquí? –Me pregunta.
-Un camino, un camino sin fin. –Le respondo.
-Bueno, y ese camino sin fin es la representación de la vida como la conocemos. Todos caminamos, nunca paramos. Vivimos por la simple inercia de estar vivos. Ese camino es la representación de tu vida. Es un camino sin fin.
La vida misma es infinita, porque la mente es infinita. Creemos en un Dios, fuimos testigos de desastres naturales, guerras, hambre, pobreza, muertes, terror. Todas grandes tragedias que la mente humana va guardando en su memoria. Y algunos le echan la culpa a este Dios, en el que creen.
Pero.., ¿por qué mejor no echarse la culpa a ellos mismos? Es una simpleza que el hombre quiera escapar de sus problemas.
Te diré algo, el Dios como lo conoces, no existe porque siempre existió. Existe porque tú quieres que exista. Antes que tú vivías, no creías en nada, porque tu mente no existía. Entonces llegamos a la verdad absoluta que Dios es una idea. Un atajo a lo que no comprendemos.
El alma como la conocemos, la vida como la conocemos, es energía universal.
Somos seres enérgicos. Yo soy la energía que tu cerebro creó, no soy un ser autónomo, no tengo mente propia, yo soy tu mente. Atrapada en los sinfines de lo mas recóndito de tu cerebro. Soy la idea que has atrapado por años, que has reprimido con tus estudios de la vida como la conocemos.
Hoy mi tarea fue salir y contarte, trasmitirte la verdad como la conocemos.
Y tú dirás, pero si Dios no existe, ¿qué creo el universo?
Pues te diré querido amigo, el universo es bastamente infinito, hasta donde lo conocemos sabemos que no tiene fin, porque nuestra mente creo esa idea.
Por lo tanto podríamos decir que la vida misma es la idea del simple hecho de querer existir.
La incertidumbre de ser o no ser. Las dudas sobre las realidades transversales que corren por nuestra vida. Una suave melodía tocada en un fino piano de cola, una bella mujer compartiendo sus labios contigo, la muerte de un ser querido, vivir la vida, recorrer el camino. Es parte de la misión del hombre. Somos la inercia de nuestra creación.
Vivimos hasta que morimos, somos la energía esparcida en el universo. Cuando esa misma se agota, simplemente nos recargamos como baterías de vida. Y volvemos a recorrer ese camino sin fin.
Continuará...
Renzo Rubén Anconetani
[…] Desperté, no sabía donde estaba. Al mirar alrededor veo un camino largo de tierra, a mi costado derecho la nada pura, a mi costado izquierdo un lago sin fin. Sentía que a ese lugar yo no pertenecía, quizás era un sueño, quizás estaba muerto. No lo sabía.
Desesperado por saber donde me encontraba, me detengo a pensar como fue que termine ahí. Miles de pensamientos recorrían los vastos pasajes de mi mente, pero ninguno de ellos me decían que hacía en ese lugar.
Llegue a pensar que era el infierno, aquel lugar del cual no se sale jamás, aquel lugar donde mi alma es atormentada. Pero no lo sabía.
Decidí que era tiempo de averiguarlo. Tomé fuerzas y comencé a recorrer ese camino aparentemente sin fin. Pero luego de horas de un arduo caminar llegue a la conclusión que no avanzaba nada. Era todo tan monótono, tan único, tan irreal que sentía que siempre terminaba en el mismo lugar.
Nuevamente sentado a la vera del camino, sobre ese pedregal al lado del río.
-¿Qué hago aquí?
-¿Qué es este lugar? –Reclamé sin dudarlo, pero la nada misma devolvió mi eco miles de veces.
-Soy un buen hombre. –Me dije a mi mismo.
-¿Qué hice para terminar en un lugar así? –Le exclame a la nada misma.
De repente, no era mas una nada misma. Y del lago cristalino sale un hombre, no se distinguía bien, estaba a lo lejos. Mis ojos se entrecerraban, no podía verlo bien, pero sin darme ya cuenta estaba a mi lado. Aquél personaje misterioso, era una figura borrosa, no podía verlo, sentirlo ni tocarlo. Yo estaba paralizado, no podía moverme, seguía mirando hacia el lago, cuando esta figura se incorpora detrás mío y con su mano toca mi hombro. Era paz, amor y sabiduría lo que sentí en ese momento, mis miedos, mis penas se habían desvanecido.
¿Quién era este personaje tan misterioso? –Me pregunte atónito ante tan extraña situación.
El simplemente exclamo con una voz suave de seguridad.
-Yo soy quien cuida de ti, quien vela por ti, quien llora por ti.
-Yo soy el quien nadie tiene en cuenta, soy el que siempre esta ahí pero nadie ve.
-Yo soy tu alma, soy tu conciencia, soy tu vida.
En ese momento no supe que decir, estaba atónito.
-¿Estoy muerto? –Pregunto atemorizado.
-No, no lo estas, estas soñando. –Responde ese personaje tan misterioso.
-¿Y qué hago aquí? ¿Mi mente creo esto por que razón? –Volví a preguntar con mayor seguridad.
-Tú eres el plan del futuro de la vida como la conocemos. Tú eres la razón de ser, después de esta visión sabrás que no fue en vano, le darás al mundo una nueva razón de existir.
-¿Qué ves aquí? –Me pregunta.
-Un camino, un camino sin fin. –Le respondo.
-Bueno, y ese camino sin fin es la representación de la vida como la conocemos. Todos caminamos, nunca paramos. Vivimos por la simple inercia de estar vivos. Ese camino es la representación de tu vida. Es un camino sin fin.
La vida misma es infinita, porque la mente es infinita. Creemos en un Dios, fuimos testigos de desastres naturales, guerras, hambre, pobreza, muertes, terror. Todas grandes tragedias que la mente humana va guardando en su memoria. Y algunos le echan la culpa a este Dios, en el que creen.
Pero.., ¿por qué mejor no echarse la culpa a ellos mismos? Es una simpleza que el hombre quiera escapar de sus problemas.
Te diré algo, el Dios como lo conoces, no existe porque siempre existió. Existe porque tú quieres que exista. Antes que tú vivías, no creías en nada, porque tu mente no existía. Entonces llegamos a la verdad absoluta que Dios es una idea. Un atajo a lo que no comprendemos.
El alma como la conocemos, la vida como la conocemos, es energía universal.
Somos seres enérgicos. Yo soy la energía que tu cerebro creó, no soy un ser autónomo, no tengo mente propia, yo soy tu mente. Atrapada en los sinfines de lo mas recóndito de tu cerebro. Soy la idea que has atrapado por años, que has reprimido con tus estudios de la vida como la conocemos.
Hoy mi tarea fue salir y contarte, trasmitirte la verdad como la conocemos.
Y tú dirás, pero si Dios no existe, ¿qué creo el universo?
Pues te diré querido amigo, el universo es bastamente infinito, hasta donde lo conocemos sabemos que no tiene fin, porque nuestra mente creo esa idea.
Por lo tanto podríamos decir que la vida misma es la idea del simple hecho de querer existir.
La incertidumbre de ser o no ser. Las dudas sobre las realidades transversales que corren por nuestra vida. Una suave melodía tocada en un fino piano de cola, una bella mujer compartiendo sus labios contigo, la muerte de un ser querido, vivir la vida, recorrer el camino. Es parte de la misión del hombre. Somos la inercia de nuestra creación.
Vivimos hasta que morimos, somos la energía esparcida en el universo. Cuando esa misma se agota, simplemente nos recargamos como baterías de vida. Y volvemos a recorrer ese camino sin fin.
Continuará...
Renzo Rubén Anconetani
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miércoles, 28 de octubre de 2009
Cuando los angeles lloran
Cuando los ángeles lloran,
en las hermosas planicies
de las dinamicas noches plutónicas.
Cuando los ángeles lloran,
tormentas de incertidumbres pasajeras,
llegan oprimiendo corazones,
de incertidumbres cegadoras.
Cuando los ángeles lloran,
muere un niño dentro nuestro,
que oprime corazones y universos,
y descompone conocimientos y oraciones.
Cuando los ángeles lloran,
crece demasiado lento,
un sentimiento imperfecto
.., de sosiego desnutrido,
de sonidos reprimidos.
Cuando los ángeles lloran.
Renzo Rubén Anconetani
en las hermosas planicies
de las dinamicas noches plutónicas.
Cuando los ángeles lloran,
tormentas de incertidumbres pasajeras,
llegan oprimiendo corazones,
de incertidumbres cegadoras.
Cuando los ángeles lloran,
muere un niño dentro nuestro,
que oprime corazones y universos,
y descompone conocimientos y oraciones.
Cuando los ángeles lloran,
crece demasiado lento,
un sentimiento imperfecto
.., de sosiego desnutrido,
de sonidos reprimidos.
Cuando los ángeles lloran.
Renzo Rubén Anconetani
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viernes, 23 de octubre de 2009
Señores de la otra tierra
Señores de la otra tierra vean mi legado,
que pongo al desnudo entre sus manos.
Al estilo mas vasto del imperio inquisidor,
juzguen a mi alma, juzguenla por favor.
Y la luz como un óleo,
encendiendose de pecados y ambición,
de pesares pasajeros,
y de 30 años de dolor.
Con el mausoleo de amianto,
en las nulas riberas de mi gloria.
Tristeza es lo que escribo,
una melodía pasajera,
no es de ayer el exilio.
de este caballero empobrecido.
Señores de la otra tierra,
a ustedes les exclamo con lagrimas y simplezas,
jusguen mi alma, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
el viento nos cuenta su vejez,
con el clamor de la verdad,
sacrificio de unos cuantos.
Curen mis heridas, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
mi alma queda entre sus manos.
Renzo Rubén Anconetani
que pongo al desnudo entre sus manos.
Al estilo mas vasto del imperio inquisidor,
juzguen a mi alma, juzguenla por favor.
Y la luz como un óleo,
encendiendose de pecados y ambición,
de pesares pasajeros,
y de 30 años de dolor.
Con el mausoleo de amianto,
en las nulas riberas de mi gloria.
Tristeza es lo que escribo,
una melodía pasajera,
no es de ayer el exilio.
de este caballero empobrecido.
Señores de la otra tierra,
a ustedes les exclamo con lagrimas y simplezas,
jusguen mi alma, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
el viento nos cuenta su vejez,
con el clamor de la verdad,
sacrificio de unos cuantos.
Curen mis heridas, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
mi alma queda entre sus manos.
Renzo Rubén Anconetani
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jueves, 22 de octubre de 2009
Inframundo y dolor
Decías dolor, muerte y llantos,
vago pasaje del inframundo,
detrás de muros de fuego,
y te persigue un anhelo inquisidor.
Y en esta noche, un dulce cordero;
sacrificio de largos días invernales.
Trémulos mares celestiales,
pasaje del inframundo cegador.
Oscura noche monótona de sangre,
que dices extraña y petulante;
un empujón irrevocable,
de las esquizofrenicas tristezas,
es mi muerte irremediable.
Renzo Rubén Anconetani
vago pasaje del inframundo,
detrás de muros de fuego,
y te persigue un anhelo inquisidor.
Y en esta noche, un dulce cordero;
sacrificio de largos días invernales.
Trémulos mares celestiales,
pasaje del inframundo cegador.
Oscura noche monótona de sangre,
que dices extraña y petulante;
un empujón irrevocable,
de las esquizofrenicas tristezas,
es mi muerte irremediable.
Renzo Rubén Anconetani
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miércoles, 21 de octubre de 2009
Quizas algun día, ahí estare...
Me cuesta respirar,
mi cuerpo levantar,
mi alma fatigada,
mis sueños la soñaran.
Cansancio cegador,
un sueño sin color.
Días grises espantosos,
lagrimean mis ojos;
lloran. Lloro.
Estoy triste mujer,
cansado de estar cansado.
Sueño que corro,
me despierto y decaigo.
Y mi lecho esta manchado,
mis piernas adormecidas,
mi alma enrarecida.
Veo el mundo en un espasmo.
Me muero... Esperame, un poco más.
Renzo Rubén Anconetani
mi cuerpo levantar,
mi alma fatigada,
mis sueños la soñaran.
Cansancio cegador,
un sueño sin color.
Días grises espantosos,
lagrimean mis ojos;
lloran. Lloro.
Estoy triste mujer,
cansado de estar cansado.
Sueño que corro,
me despierto y decaigo.
Y mi lecho esta manchado,
mis piernas adormecidas,
mi alma enrarecida.
Veo el mundo en un espasmo.
Me muero... Esperame, un poco más.
Renzo Rubén Anconetani
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domingo, 4 de octubre de 2009
Ven a mi
Fabricante de ilusiones ven a mí,
abrázame fuerte; me siento bien.
Piensa en mi; sienteme.
Imaginame. Ahí estaré...
Renzo Rubén Anconetani
abrázame fuerte; me siento bien.
Piensa en mi; sienteme.
Imaginame. Ahí estaré...
Renzo Rubén Anconetani
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miércoles, 30 de septiembre de 2009
El verano se acerca
Amigos, el verano se acerca. Nos espera la playa y la arena para que corramos libres como el viento.
Destras de ella se esconden miles de secretos y bellezas que solo en un día hermosamente soleado podemos descubrir.
El cálido abrazo matutino de la arena sobre nuestros pies, las cientos de personas amontonadas cuan miles de coreografías danzantes vuelan por una suave brisa atrapante de sensaciones sin igual.
El esplendoroso sol de la mañana, las sombras vagas de la tarde, y el vetusto mar de multitudes esperan nuestra llegada.
Miles de sensaciones encontradas, decenas de alegrías capturadas. Solo ese recuerdo queda impreso en nuestra memoria.
Y les digo queridos amigos, el verano se acerca. Preparen las sombrillas y las reposeras.
El termo nunca ha de faltar, para crear una reunión entre amigos sin igual.
Amigos, el verano se acerca... Arremolinemos nuestras ancias, preparemos nuestros días pues que más da.., a disfrutar con alegría.
Renzo Rubén Anconetani
Destras de ella se esconden miles de secretos y bellezas que solo en un día hermosamente soleado podemos descubrir.
El cálido abrazo matutino de la arena sobre nuestros pies, las cientos de personas amontonadas cuan miles de coreografías danzantes vuelan por una suave brisa atrapante de sensaciones sin igual.
El esplendoroso sol de la mañana, las sombras vagas de la tarde, y el vetusto mar de multitudes esperan nuestra llegada.
Miles de sensaciones encontradas, decenas de alegrías capturadas. Solo ese recuerdo queda impreso en nuestra memoria.
Y les digo queridos amigos, el verano se acerca. Preparen las sombrillas y las reposeras.
El termo nunca ha de faltar, para crear una reunión entre amigos sin igual.
Amigos, el verano se acerca... Arremolinemos nuestras ancias, preparemos nuestros días pues que más da.., a disfrutar con alegría.
Renzo Rubén Anconetani
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viernes, 18 de septiembre de 2009
Fiesta pueblerina
Esquirlas en mi piel,
y pañuelos en el aire.
Pintoresco amanecer,
y cantos incesantes.
Los viejos trapos del pueblo,
resuenan en el aire.
20 años de recuerdos,
guitarras, bailarines y cantantes.
Y esta vieja guitarra sin cuerdas,
que ya no suena como antes.
Lleva este corazón,
como barco sin motor,
hacia aviones kamikases.
Don Pedro, anciano pueblerino,
da comienzo al baile.
15 minutos de más,
y ya se hacía tarde.
Puntualidad nunca falta.
En el pueblo,
Alegrías y tristezas.
Fiesta pueblerina,
a mucha honra y sin bajezas.
Guitarra y bombo;
noche chacarera.
Solo falto yo,
cantante neto y compadron.
Los viejos trapos del pueblo,
y 20 años de recuerdos.
Llevan este corazón,
como barco sin motor.
Símbolo precioso,
de mi amor y devoción.
© Renzo Rubén Anconetani -Septiembre 2009
y pañuelos en el aire.
Pintoresco amanecer,
y cantos incesantes.
Los viejos trapos del pueblo,
resuenan en el aire.
20 años de recuerdos,
guitarras, bailarines y cantantes.
Y esta vieja guitarra sin cuerdas,
que ya no suena como antes.
Lleva este corazón,
como barco sin motor,
hacia aviones kamikases.
Don Pedro, anciano pueblerino,
da comienzo al baile.
15 minutos de más,
y ya se hacía tarde.
Puntualidad nunca falta.
En el pueblo,
Alegrías y tristezas.
Fiesta pueblerina,
a mucha honra y sin bajezas.
Guitarra y bombo;
noche chacarera.
Solo falto yo,
cantante neto y compadron.
Los viejos trapos del pueblo,
y 20 años de recuerdos.
Llevan este corazón,
como barco sin motor.
Símbolo precioso,
de mi amor y devoción.
© Renzo Rubén Anconetani -Septiembre 2009
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martes, 15 de septiembre de 2009
El hombre y el espejo
Hielo derretido.
Corazón derrumbado.
Lo que ha sido,
y lo que pudo ser,
ya es pasado.
Desnudo enfrento un espejo.
Pero desde el otro lado,
el reflejo es un hombre extraño.
Se encuentra solo y esta llorando.
Y la verdad es dilema de una realidad en falso.
La piel, un vidrio quebrado.
Y el mundo un pensamiento girando.
En una neblina,
sentimientos encontrados.
Difumina realidad,
dilema existencial entre mis manos.
Y la verdad es dilema de una realidad en falso.
Frente a un espejo.
Hombre en llantos.
Revela su verdad.
Oculta su pasado.
20 años y mas,
estampida de sueños,
metáfora cegadora,
de ojos lagrimosos.
De este hombre tenebroso,
con su cuerpo agitado,
su alma lastimada,
y su grito silencioso.
© Renzo Rubén Anconetani -Septiembre 2009
Corazón derrumbado.
Lo que ha sido,
y lo que pudo ser,
ya es pasado.
Desnudo enfrento un espejo.
Pero desde el otro lado,
el reflejo es un hombre extraño.
Se encuentra solo y esta llorando.
Y la verdad es dilema de una realidad en falso.
La piel, un vidrio quebrado.
Y el mundo un pensamiento girando.
En una neblina,
sentimientos encontrados.
Difumina realidad,
dilema existencial entre mis manos.
Y la verdad es dilema de una realidad en falso.
Frente a un espejo.
Hombre en llantos.
Revela su verdad.
Oculta su pasado.
20 años y mas,
estampida de sueños,
metáfora cegadora,
de ojos lagrimosos.
De este hombre tenebroso,
con su cuerpo agitado,
su alma lastimada,
y su grito silencioso.
© Renzo Rubén Anconetani -Septiembre 2009
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Ruedas de libertad
Las dos ruedas; su libertad,
y también su destino.
Esas ruedas eran su ley,
y esta misma ha desaparecido.
Pocos fueron sus años,
pero que bien vividos.
Practicó la felicidad,
sin haberle sonreído.
Afirmandole a la sociedad,
que las dos ruedas,
eran mas que una necesidad.
Cuando no importa nada.
Cuando mi mente esta agotada.
cuando ya nada tiene sentido.
Solo esta el recuerdo de esas ruedas en el camino.
El ruido estremecedor de los cuatro cilindros.
Melodías sin palabras,
que llenaban su vacío.
Sonrió a la muerte.
Siguió su destino.
Estas eran sus palabras,
que a menudo practicaba.
Como el que practica una religión.
O como el que practica la drogadicción.
La sociedad no lo entiendo.
Ni entenderá.
Que las dos ruedas eran su necesidad.
© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009
y también su destino.
Esas ruedas eran su ley,
y esta misma ha desaparecido.
Pocos fueron sus años,
pero que bien vividos.
Practicó la felicidad,
sin haberle sonreído.
Afirmandole a la sociedad,
que las dos ruedas,
eran mas que una necesidad.
Cuando no importa nada.
Cuando mi mente esta agotada.
cuando ya nada tiene sentido.
Solo esta el recuerdo de esas ruedas en el camino.
El ruido estremecedor de los cuatro cilindros.
Melodías sin palabras,
que llenaban su vacío.
Sonrió a la muerte.
Siguió su destino.
Estas eran sus palabras,
que a menudo practicaba.
Como el que practica una religión.
O como el que practica la drogadicción.
La sociedad no lo entiendo.
Ni entenderá.
Que las dos ruedas eran su necesidad.
© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009
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domingo, 13 de septiembre de 2009
Estrellas y tristesas (poema gauchesco)
Contemplar la inmensidad del universo en una noche sin luna.
Y Navegando en un vasto mar de estrellas,
cuando mi alma sola baila con soltura.
Y entre montes y montañas,
cerros y colinas,
se distingue una marea,
que inunda sueños y alegrías.
Vasto mar de estrellas,
y universos paralelos,
que se abren en un cielo de injurias y tristesas.
Y que arraiga con pañuelos,
poncho al hombro y chacarera!!!
© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009
Y Navegando en un vasto mar de estrellas,
cuando mi alma sola baila con soltura.
Y entre montes y montañas,
cerros y colinas,
se distingue una marea,
que inunda sueños y alegrías.
Vasto mar de estrellas,
y universos paralelos,
que se abren en un cielo de injurias y tristesas.
Y que arraiga con pañuelos,
poncho al hombro y chacarera!!!
© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009
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Pecho a pecho y corazón
Deseo hacerte el amor,
como si fuera el último momento de mi vida.
Sentir tu calido abrazo,
pecho a pecho,
palpitando el corazón.
Y que guíes mi visión,
como barco a la deriva.
Torcer las agujas que consuman el calor,
de mis sentimientos tan urgentes.
Y con mis manos tocar tu corazón,
desafiando escaleras y dolor,
que se trepan en lo alto de mi mente.
Tu ternura es mi devoción,
y tu alma mi amante.
Como barco a la deriva,
pecho a pecho y corazón,
de este amor gratificante.
Tan sensato es mi corazón,
que tus labios impregnan mi memoria,
con un perfume de vanguardia,
que la consumen toda.
Y baja el ruido de mi voz,
y quítame el temor a equivocarme.
Nunca fui un experto en el amor,
enséñame el camino para amarte.
Y tu ternura es mi devoción,
y tu alma mi amante.
Como barco a la deriva,
pecho a pecho y corazón,
de este amor gratificante.
© Renzo Rubén Anconetani & Lucas Emanuel Lestard -Agosto 2009
como si fuera el último momento de mi vida.
Sentir tu calido abrazo,
pecho a pecho,
palpitando el corazón.
Y que guíes mi visión,
como barco a la deriva.
Torcer las agujas que consuman el calor,
de mis sentimientos tan urgentes.
Y con mis manos tocar tu corazón,
desafiando escaleras y dolor,
que se trepan en lo alto de mi mente.
Tu ternura es mi devoción,
y tu alma mi amante.
Como barco a la deriva,
pecho a pecho y corazón,
de este amor gratificante.
Tan sensato es mi corazón,
que tus labios impregnan mi memoria,
con un perfume de vanguardia,
que la consumen toda.
Y baja el ruido de mi voz,
y quítame el temor a equivocarme.
Nunca fui un experto en el amor,
enséñame el camino para amarte.
Y tu ternura es mi devoción,
y tu alma mi amante.
Como barco a la deriva,
pecho a pecho y corazón,
de este amor gratificante.
© Renzo Rubén Anconetani & Lucas Emanuel Lestard -Agosto 2009
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miércoles, 19 de agosto de 2009
Y poco a poco
Con tu boca que poco a poco roza mi ternura,
y tu alma que contempla mi corazón.
Puedo vernos juntos a los dos,
y con tus labios besas mi pasión.
De una vida sin sentido y amargura.
Y tu alma que roza mi canción,
entre miedos y temores,
yo canto con pasión.
Canto y cantaré sin razón,
y a tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.
Y no cabe razón alguna para mi amargura,
siento en mi, que mi dolor se aleja con soltura,
y al son de esta canción,
acabaré con las ansias de mi temor.
Y poco a poco tu boca roza mi ternura,
y entre miedos y temores yo canto con pasión.
Canto y cantaré sin razón,
y tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.
Y ese esplendor que me inhibe por completo,
de este cuerpo desganado y deshecho.
Surge en mí como destello celestial,
y mi alma que se aleja para nunca regresar.
Y poco a poco me alejo sin querer,
de este mundo maltrecho y doloroso.
Y te digo al oído poco a poco,
canto y cantaré sin razón,
y tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.
© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009
y tu alma que contempla mi corazón.
Puedo vernos juntos a los dos,
y con tus labios besas mi pasión.
De una vida sin sentido y amargura.
Y tu alma que roza mi canción,
entre miedos y temores,
yo canto con pasión.
Canto y cantaré sin razón,
y a tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.
Y no cabe razón alguna para mi amargura,
siento en mi, que mi dolor se aleja con soltura,
y al son de esta canción,
acabaré con las ansias de mi temor.
Y poco a poco tu boca roza mi ternura,
y entre miedos y temores yo canto con pasión.
Canto y cantaré sin razón,
y tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.
Y ese esplendor que me inhibe por completo,
de este cuerpo desganado y deshecho.
Surge en mí como destello celestial,
y mi alma que se aleja para nunca regresar.
Y poco a poco me alejo sin querer,
de este mundo maltrecho y doloroso.
Y te digo al oído poco a poco,
canto y cantaré sin razón,
y tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.
© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009
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jueves, 30 de julio de 2009
Rocío de Sauce Viejo
Como el agua que cae
En el rocío de la mañana
Sobre las hojas desteñidas
De un sauce viejo
Con el arrullo de paz
Que impera tus pisadas
Sobre la noche mal pintada
Que enfrió todos mis huesos
Cada perla de caricia transparente
Se diluye con tu aroma
Con tu risa con tu idioma
Y yo tu niño obediente
Que contempla el silencio de tus notas
Que curan gota a gota
Mis heridas tan urgentes
Y tu ternura tan violenta mendiga majestuosa
Corre lenta y presurosa por mi boca
Agitada hasta mí pecho
Y deshace paladares cuando toca
Las raíces calcinadas de mi lecho
Y no cave la razón
Cuando mi alma se rebalsa
En tu cielo que desangra
Gota a gota
Los sentidos prisioneros de su antojo
Y mi corazón
Que poco entiende lo que pasa
Se detiene cuando clavas
Los puñales tan certeros de tus ojos
© Renzo Rubén Anconetani & Lucas Emanuel Lestard -Agosto 2009
En el rocío de la mañana
Sobre las hojas desteñidas
De un sauce viejo
Con el arrullo de paz
Que impera tus pisadas
Sobre la noche mal pintada
Que enfrió todos mis huesos
Cada perla de caricia transparente
Se diluye con tu aroma
Con tu risa con tu idioma
Y yo tu niño obediente
Que contempla el silencio de tus notas
Que curan gota a gota
Mis heridas tan urgentes
Y tu ternura tan violenta mendiga majestuosa
Corre lenta y presurosa por mi boca
Agitada hasta mí pecho
Y deshace paladares cuando toca
Las raíces calcinadas de mi lecho
Y no cave la razón
Cuando mi alma se rebalsa
En tu cielo que desangra
Gota a gota
Los sentidos prisioneros de su antojo
Y mi corazón
Que poco entiende lo que pasa
Se detiene cuando clavas
Los puñales tan certeros de tus ojos
© Renzo Rubén Anconetani & Lucas Emanuel Lestard -Agosto 2009
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miércoles, 22 de octubre de 2008
Adios
El despertó, sabiendo que le venia a continuación. Los olores, los sonidos, todos sus sentidos se agudizaban. Había caído en el limbo de la somnolencia., aun así se dispuso a despertar. Hizo su cama, se vistió y salio de esa habitación oscura y tenebrosa.
Saludó a su madre, y le dijo:
- Hoy es el día.
Ella lo mira tristemente y no encontró razón alguna para evitar un abrazo calido y tierno. Sabía su destino.
Se sentó en la mesa, al calor de un plato de sopa. En ese invierno gris y penoso, mientras los árboles marchitos yacían perpetuos ante tan majestuoso panorama.
Miles de pensamientos pasaron por su mente. Si lo que hacia era correcto, si alguien lo extrañaría, que pensarían de el, de su madre.
Pero llego a la conclusión que ya nada importaba, sus horas y minutos estaban contados.
Recorrió los pasillos de su casa una y otra vez, sin dejar detalle alguno por recordar.
De repente, como en un espasmo, alguien toca a la puerta suavemente. Llego la hora de partir, tomó sus cosas y dejó su cuerpo ir.
Daban las 12 en punto cuando la casa quedo muda de sonidos, ciega de sentidos. Su madre yacía tirada en la cama, sin su corazón latir, sin verlo partir a ese preciado ser que alguna vez tubo que parir.
¿A dónde fue?
¿Cuándo volverá?
¿Quién toco a la puerta?
La muerte nada más. Dejó esa casa, para así partir y nunca regresar.
Saludó a su madre, y le dijo:
- Hoy es el día.
Ella lo mira tristemente y no encontró razón alguna para evitar un abrazo calido y tierno. Sabía su destino.
Se sentó en la mesa, al calor de un plato de sopa. En ese invierno gris y penoso, mientras los árboles marchitos yacían perpetuos ante tan majestuoso panorama.
Miles de pensamientos pasaron por su mente. Si lo que hacia era correcto, si alguien lo extrañaría, que pensarían de el, de su madre.
Pero llego a la conclusión que ya nada importaba, sus horas y minutos estaban contados.
Recorrió los pasillos de su casa una y otra vez, sin dejar detalle alguno por recordar.
De repente, como en un espasmo, alguien toca a la puerta suavemente. Llego la hora de partir, tomó sus cosas y dejó su cuerpo ir.
Daban las 12 en punto cuando la casa quedo muda de sonidos, ciega de sentidos. Su madre yacía tirada en la cama, sin su corazón latir, sin verlo partir a ese preciado ser que alguna vez tubo que parir.
¿A dónde fue?
¿Cuándo volverá?
¿Quién toco a la puerta?
La muerte nada más. Dejó esa casa, para así partir y nunca regresar.
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