Deslumbrates, poéticas, lejanas... Cuando las observamos ellas ya no estan. Murieron; solo vemos su fantasma en la lejanía del cosmos como una aureola infinita de paz y fuego eterno.
Nos impactan. Su belleza sucumbe nuestro ser. Nos marean, nos confunde su incalculable proporción.
Oh! que divinas, tan perfectas, brillantes, petulantes. Pequeños puntos ardientes nadando entre mares de avismos oscuros y espacios vacíos de sociego y perdición.
Iluminan nuestro sendero, alumbran nuestra noche y navegan con el navegante que tan pasionalmente las comprende.
¿Por qué será que las contamos? Nos divierten, creemos entenderlas. Ellas nos entienden.
Somos pequeños puntos separados en el espacio. Nos parecemos a ellas, iluminamos el camino de las pasiones y del amor.
No hacen falta oraciones, tampoco canciones, ni peticiones. Ellas siempre estaran aunque hace millones de años, apagaron su luz para nunca más brillar.
Oh, las estrellas. Tan pequeñas, tan enormes. Guien nuestro sendero, que somos navegantes con nuestros corazones.
Renzo Rubén Anconetani
lunes, 5 de julio de 2010
Estrellas
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sábado, 30 de enero de 2010
Sueños reveladores
Primera parte:
[…] Desperté, no sabía donde estaba. Al mirar alrededor veo un camino largo de tierra, a mi costado derecho la nada pura, a mi costado izquierdo un lago sin fin. Sentía que a ese lugar yo no pertenecía, quizás era un sueño, quizás estaba muerto. No lo sabía.
Desesperado por saber donde me encontraba, me detengo a pensar como fue que termine ahí. Miles de pensamientos recorrían los vastos pasajes de mi mente, pero ninguno de ellos me decían que hacía en ese lugar.
Llegue a pensar que era el infierno, aquel lugar del cual no se sale jamás, aquel lugar donde mi alma es atormentada. Pero no lo sabía.
Decidí que era tiempo de averiguarlo. Tomé fuerzas y comencé a recorrer ese camino aparentemente sin fin. Pero luego de horas de un arduo caminar llegue a la conclusión que no avanzaba nada. Era todo tan monótono, tan único, tan irreal que sentía que siempre terminaba en el mismo lugar.
Nuevamente sentado a la vera del camino, sobre ese pedregal al lado del río.
-¿Qué hago aquí?
-¿Qué es este lugar? –Reclamé sin dudarlo, pero la nada misma devolvió mi eco miles de veces.
-Soy un buen hombre. –Me dije a mi mismo.
-¿Qué hice para terminar en un lugar así? –Le exclame a la nada misma.
De repente, no era mas una nada misma. Y del lago cristalino sale un hombre, no se distinguía bien, estaba a lo lejos. Mis ojos se entrecerraban, no podía verlo bien, pero sin darme ya cuenta estaba a mi lado. Aquél personaje misterioso, era una figura borrosa, no podía verlo, sentirlo ni tocarlo. Yo estaba paralizado, no podía moverme, seguía mirando hacia el lago, cuando esta figura se incorpora detrás mío y con su mano toca mi hombro. Era paz, amor y sabiduría lo que sentí en ese momento, mis miedos, mis penas se habían desvanecido.
¿Quién era este personaje tan misterioso? –Me pregunte atónito ante tan extraña situación.
El simplemente exclamo con una voz suave de seguridad.
-Yo soy quien cuida de ti, quien vela por ti, quien llora por ti.
-Yo soy el quien nadie tiene en cuenta, soy el que siempre esta ahí pero nadie ve.
-Yo soy tu alma, soy tu conciencia, soy tu vida.
En ese momento no supe que decir, estaba atónito.
-¿Estoy muerto? –Pregunto atemorizado.
-No, no lo estas, estas soñando. –Responde ese personaje tan misterioso.
-¿Y qué hago aquí? ¿Mi mente creo esto por que razón? –Volví a preguntar con mayor seguridad.
-Tú eres el plan del futuro de la vida como la conocemos. Tú eres la razón de ser, después de esta visión sabrás que no fue en vano, le darás al mundo una nueva razón de existir.
-¿Qué ves aquí? –Me pregunta.
-Un camino, un camino sin fin. –Le respondo.
-Bueno, y ese camino sin fin es la representación de la vida como la conocemos. Todos caminamos, nunca paramos. Vivimos por la simple inercia de estar vivos. Ese camino es la representación de tu vida. Es un camino sin fin.
La vida misma es infinita, porque la mente es infinita. Creemos en un Dios, fuimos testigos de desastres naturales, guerras, hambre, pobreza, muertes, terror. Todas grandes tragedias que la mente humana va guardando en su memoria. Y algunos le echan la culpa a este Dios, en el que creen.
Pero.., ¿por qué mejor no echarse la culpa a ellos mismos? Es una simpleza que el hombre quiera escapar de sus problemas.
Te diré algo, el Dios como lo conoces, no existe porque siempre existió. Existe porque tú quieres que exista. Antes que tú vivías, no creías en nada, porque tu mente no existía. Entonces llegamos a la verdad absoluta que Dios es una idea. Un atajo a lo que no comprendemos.
El alma como la conocemos, la vida como la conocemos, es energía universal.
Somos seres enérgicos. Yo soy la energía que tu cerebro creó, no soy un ser autónomo, no tengo mente propia, yo soy tu mente. Atrapada en los sinfines de lo mas recóndito de tu cerebro. Soy la idea que has atrapado por años, que has reprimido con tus estudios de la vida como la conocemos.
Hoy mi tarea fue salir y contarte, trasmitirte la verdad como la conocemos.
Y tú dirás, pero si Dios no existe, ¿qué creo el universo?
Pues te diré querido amigo, el universo es bastamente infinito, hasta donde lo conocemos sabemos que no tiene fin, porque nuestra mente creo esa idea.
Por lo tanto podríamos decir que la vida misma es la idea del simple hecho de querer existir.
La incertidumbre de ser o no ser. Las dudas sobre las realidades transversales que corren por nuestra vida. Una suave melodía tocada en un fino piano de cola, una bella mujer compartiendo sus labios contigo, la muerte de un ser querido, vivir la vida, recorrer el camino. Es parte de la misión del hombre. Somos la inercia de nuestra creación.
Vivimos hasta que morimos, somos la energía esparcida en el universo. Cuando esa misma se agota, simplemente nos recargamos como baterías de vida. Y volvemos a recorrer ese camino sin fin.
Continuará...
Renzo Rubén Anconetani
[…] Desperté, no sabía donde estaba. Al mirar alrededor veo un camino largo de tierra, a mi costado derecho la nada pura, a mi costado izquierdo un lago sin fin. Sentía que a ese lugar yo no pertenecía, quizás era un sueño, quizás estaba muerto. No lo sabía.
Desesperado por saber donde me encontraba, me detengo a pensar como fue que termine ahí. Miles de pensamientos recorrían los vastos pasajes de mi mente, pero ninguno de ellos me decían que hacía en ese lugar.
Llegue a pensar que era el infierno, aquel lugar del cual no se sale jamás, aquel lugar donde mi alma es atormentada. Pero no lo sabía.
Decidí que era tiempo de averiguarlo. Tomé fuerzas y comencé a recorrer ese camino aparentemente sin fin. Pero luego de horas de un arduo caminar llegue a la conclusión que no avanzaba nada. Era todo tan monótono, tan único, tan irreal que sentía que siempre terminaba en el mismo lugar.
Nuevamente sentado a la vera del camino, sobre ese pedregal al lado del río.
-¿Qué hago aquí?
-¿Qué es este lugar? –Reclamé sin dudarlo, pero la nada misma devolvió mi eco miles de veces.
-Soy un buen hombre. –Me dije a mi mismo.
-¿Qué hice para terminar en un lugar así? –Le exclame a la nada misma.
De repente, no era mas una nada misma. Y del lago cristalino sale un hombre, no se distinguía bien, estaba a lo lejos. Mis ojos se entrecerraban, no podía verlo bien, pero sin darme ya cuenta estaba a mi lado. Aquél personaje misterioso, era una figura borrosa, no podía verlo, sentirlo ni tocarlo. Yo estaba paralizado, no podía moverme, seguía mirando hacia el lago, cuando esta figura se incorpora detrás mío y con su mano toca mi hombro. Era paz, amor y sabiduría lo que sentí en ese momento, mis miedos, mis penas se habían desvanecido.
¿Quién era este personaje tan misterioso? –Me pregunte atónito ante tan extraña situación.
El simplemente exclamo con una voz suave de seguridad.
-Yo soy quien cuida de ti, quien vela por ti, quien llora por ti.
-Yo soy el quien nadie tiene en cuenta, soy el que siempre esta ahí pero nadie ve.
-Yo soy tu alma, soy tu conciencia, soy tu vida.
En ese momento no supe que decir, estaba atónito.
-¿Estoy muerto? –Pregunto atemorizado.
-No, no lo estas, estas soñando. –Responde ese personaje tan misterioso.
-¿Y qué hago aquí? ¿Mi mente creo esto por que razón? –Volví a preguntar con mayor seguridad.
-Tú eres el plan del futuro de la vida como la conocemos. Tú eres la razón de ser, después de esta visión sabrás que no fue en vano, le darás al mundo una nueva razón de existir.
-¿Qué ves aquí? –Me pregunta.
-Un camino, un camino sin fin. –Le respondo.
-Bueno, y ese camino sin fin es la representación de la vida como la conocemos. Todos caminamos, nunca paramos. Vivimos por la simple inercia de estar vivos. Ese camino es la representación de tu vida. Es un camino sin fin.
La vida misma es infinita, porque la mente es infinita. Creemos en un Dios, fuimos testigos de desastres naturales, guerras, hambre, pobreza, muertes, terror. Todas grandes tragedias que la mente humana va guardando en su memoria. Y algunos le echan la culpa a este Dios, en el que creen.
Pero.., ¿por qué mejor no echarse la culpa a ellos mismos? Es una simpleza que el hombre quiera escapar de sus problemas.
Te diré algo, el Dios como lo conoces, no existe porque siempre existió. Existe porque tú quieres que exista. Antes que tú vivías, no creías en nada, porque tu mente no existía. Entonces llegamos a la verdad absoluta que Dios es una idea. Un atajo a lo que no comprendemos.
El alma como la conocemos, la vida como la conocemos, es energía universal.
Somos seres enérgicos. Yo soy la energía que tu cerebro creó, no soy un ser autónomo, no tengo mente propia, yo soy tu mente. Atrapada en los sinfines de lo mas recóndito de tu cerebro. Soy la idea que has atrapado por años, que has reprimido con tus estudios de la vida como la conocemos.
Hoy mi tarea fue salir y contarte, trasmitirte la verdad como la conocemos.
Y tú dirás, pero si Dios no existe, ¿qué creo el universo?
Pues te diré querido amigo, el universo es bastamente infinito, hasta donde lo conocemos sabemos que no tiene fin, porque nuestra mente creo esa idea.
Por lo tanto podríamos decir que la vida misma es la idea del simple hecho de querer existir.
La incertidumbre de ser o no ser. Las dudas sobre las realidades transversales que corren por nuestra vida. Una suave melodía tocada en un fino piano de cola, una bella mujer compartiendo sus labios contigo, la muerte de un ser querido, vivir la vida, recorrer el camino. Es parte de la misión del hombre. Somos la inercia de nuestra creación.
Vivimos hasta que morimos, somos la energía esparcida en el universo. Cuando esa misma se agota, simplemente nos recargamos como baterías de vida. Y volvemos a recorrer ese camino sin fin.
Continuará...
Renzo Rubén Anconetani
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miércoles, 28 de octubre de 2009
Cuando los angeles lloran
Cuando los ángeles lloran,
en las hermosas planicies
de las dinamicas noches plutónicas.
Cuando los ángeles lloran,
tormentas de incertidumbres pasajeras,
llegan oprimiendo corazones,
de incertidumbres cegadoras.
Cuando los ángeles lloran,
muere un niño dentro nuestro,
que oprime corazones y universos,
y descompone conocimientos y oraciones.
Cuando los ángeles lloran,
crece demasiado lento,
un sentimiento imperfecto
.., de sosiego desnutrido,
de sonidos reprimidos.
Cuando los ángeles lloran.
Renzo Rubén Anconetani
en las hermosas planicies
de las dinamicas noches plutónicas.
Cuando los ángeles lloran,
tormentas de incertidumbres pasajeras,
llegan oprimiendo corazones,
de incertidumbres cegadoras.
Cuando los ángeles lloran,
muere un niño dentro nuestro,
que oprime corazones y universos,
y descompone conocimientos y oraciones.
Cuando los ángeles lloran,
crece demasiado lento,
un sentimiento imperfecto
.., de sosiego desnutrido,
de sonidos reprimidos.
Cuando los ángeles lloran.
Renzo Rubén Anconetani
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viernes, 23 de octubre de 2009
Señores de la otra tierra
Señores de la otra tierra vean mi legado,
que pongo al desnudo entre sus manos.
Al estilo mas vasto del imperio inquisidor,
juzguen a mi alma, juzguenla por favor.
Y la luz como un óleo,
encendiendose de pecados y ambición,
de pesares pasajeros,
y de 30 años de dolor.
Con el mausoleo de amianto,
en las nulas riberas de mi gloria.
Tristeza es lo que escribo,
una melodía pasajera,
no es de ayer el exilio.
de este caballero empobrecido.
Señores de la otra tierra,
a ustedes les exclamo con lagrimas y simplezas,
jusguen mi alma, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
el viento nos cuenta su vejez,
con el clamor de la verdad,
sacrificio de unos cuantos.
Curen mis heridas, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
mi alma queda entre sus manos.
Renzo Rubén Anconetani
que pongo al desnudo entre sus manos.
Al estilo mas vasto del imperio inquisidor,
juzguen a mi alma, juzguenla por favor.
Y la luz como un óleo,
encendiendose de pecados y ambición,
de pesares pasajeros,
y de 30 años de dolor.
Con el mausoleo de amianto,
en las nulas riberas de mi gloria.
Tristeza es lo que escribo,
una melodía pasajera,
no es de ayer el exilio.
de este caballero empobrecido.
Señores de la otra tierra,
a ustedes les exclamo con lagrimas y simplezas,
jusguen mi alma, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
el viento nos cuenta su vejez,
con el clamor de la verdad,
sacrificio de unos cuantos.
Curen mis heridas, lean mi legado.
Señores de la otra tierra,
mi alma queda entre sus manos.
Renzo Rubén Anconetani
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jueves, 22 de octubre de 2009
Inframundo y dolor
Decías dolor, muerte y llantos,
vago pasaje del inframundo,
detrás de muros de fuego,
y te persigue un anhelo inquisidor.
Y en esta noche, un dulce cordero;
sacrificio de largos días invernales.
Trémulos mares celestiales,
pasaje del inframundo cegador.
Oscura noche monótona de sangre,
que dices extraña y petulante;
un empujón irrevocable,
de las esquizofrenicas tristezas,
es mi muerte irremediable.
Renzo Rubén Anconetani
vago pasaje del inframundo,
detrás de muros de fuego,
y te persigue un anhelo inquisidor.
Y en esta noche, un dulce cordero;
sacrificio de largos días invernales.
Trémulos mares celestiales,
pasaje del inframundo cegador.
Oscura noche monótona de sangre,
que dices extraña y petulante;
un empujón irrevocable,
de las esquizofrenicas tristezas,
es mi muerte irremediable.
Renzo Rubén Anconetani
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miércoles, 21 de octubre de 2009
Quizas algun día, ahí estare...
Me cuesta respirar,
mi cuerpo levantar,
mi alma fatigada,
mis sueños la soñaran.
Cansancio cegador,
un sueño sin color.
Días grises espantosos,
lagrimean mis ojos;
lloran. Lloro.
Estoy triste mujer,
cansado de estar cansado.
Sueño que corro,
me despierto y decaigo.
Y mi lecho esta manchado,
mis piernas adormecidas,
mi alma enrarecida.
Veo el mundo en un espasmo.
Me muero... Esperame, un poco más.
Renzo Rubén Anconetani
mi cuerpo levantar,
mi alma fatigada,
mis sueños la soñaran.
Cansancio cegador,
un sueño sin color.
Días grises espantosos,
lagrimean mis ojos;
lloran. Lloro.
Estoy triste mujer,
cansado de estar cansado.
Sueño que corro,
me despierto y decaigo.
Y mi lecho esta manchado,
mis piernas adormecidas,
mi alma enrarecida.
Veo el mundo en un espasmo.
Me muero... Esperame, un poco más.
Renzo Rubén Anconetani
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domingo, 4 de octubre de 2009
Ven a mi
Fabricante de ilusiones ven a mí,
abrázame fuerte; me siento bien.
Piensa en mi; sienteme.
Imaginame. Ahí estaré...
Renzo Rubén Anconetani
abrázame fuerte; me siento bien.
Piensa en mi; sienteme.
Imaginame. Ahí estaré...
Renzo Rubén Anconetani
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