sábado, 21 de marzo de 2009
sábado, 28 de febrero de 2009
Tu promesa, mi promesa
Una promesa evade mis verdades mas siniestras.
Me encuentro solo, desesperado y sin salida.
Veo un dejo de luz entre miles de sombras.
Tu sabiduría inunda mis pechorias.
Segundo en la meta.
Prometo correr mas rápido.
Mi cabeza vacía.
De dolor y de tristeza.
Segundo en la meta.
Veo mi cabeza.
Inclinarse de bajeza.
Aquella promesa siniestra.
Evade mis respuestas.
Sobre aquella vez.
Que inclinaste tu cabeza.
Un gato negro en el tejado.
Anuncia cuervos revoloteando.
Signos de terror.
Aquella promesa siniestra.
Evade mis respuestas.
Benévolo pergamino.
De dolor y de tristeza.
Anuncia terror. Gato negro.
Anuncia tristeza.
De saber que te vas.
Enterrando tu promesa.
Renzo Rubén Anconetani
Me encuentro solo, desesperado y sin salida.
Veo un dejo de luz entre miles de sombras.
Tu sabiduría inunda mis pechorias.
Segundo en la meta.
Prometo correr mas rápido.
Mi cabeza vacía.
De dolor y de tristeza.
Segundo en la meta.
Veo mi cabeza.
Inclinarse de bajeza.
Aquella promesa siniestra.
Evade mis respuestas.
Sobre aquella vez.
Que inclinaste tu cabeza.
Un gato negro en el tejado.
Anuncia cuervos revoloteando.
Signos de terror.
Aquella promesa siniestra.
Evade mis respuestas.
Benévolo pergamino.
De dolor y de tristeza.
Anuncia terror. Gato negro.
Anuncia tristeza.
De saber que te vas.
Enterrando tu promesa.
Renzo Rubén Anconetani
lunes, 23 de febrero de 2009
Llueve en mi mente
Como gotas caen sobre mi espalda,
llueve fuerte sobre mi mente.
No hace falta verlas caer,
solo quiero sentirlas llover.
Palpitan como aquel nombre que jamas olvidare.
Se sienten como ese perfume que nunca mas tendré.
Pero repican en mi mente,
como aquel ángel que dices ser.
No veo verte volver,
no veo verte caer.
Pero te veo en mi mente,
tan oscura como la noche,
tan fría como la nieve.
Hielo es mi corazón.
Sangre vuelve, late otra vez.
Y despierto en madrugada,
viendo fuerte llover.
Tras pensamientos ajenos,
que invaden mi ser.
Te sueño y soñare,
mi dulce ángel,
que dices ser.
Renzo Rubén Anconetani
llueve fuerte sobre mi mente.
No hace falta verlas caer,
solo quiero sentirlas llover.
Palpitan como aquel nombre que jamas olvidare.
Se sienten como ese perfume que nunca mas tendré.
Pero repican en mi mente,
como aquel ángel que dices ser.
No veo verte volver,
no veo verte caer.
Pero te veo en mi mente,
tan oscura como la noche,
tan fría como la nieve.
Hielo es mi corazón.
Sangre vuelve, late otra vez.
Y despierto en madrugada,
viendo fuerte llover.
Tras pensamientos ajenos,
que invaden mi ser.
Te sueño y soñare,
mi dulce ángel,
que dices ser.
Renzo Rubén Anconetani
martes, 30 de diciembre de 2008
Delima Moral. Poema por terminar:
Me mata el dilema de si lo que vengo haciendo esta bien o esta mal, la clásica rutina altruista, de decir ojala pueda ayudar a alguien.
Pero ese alguien no se preocupa por mi. Siento q lo que hago hay veces que no es lo correcto, para mi vida.
Un pensamiento entre miles de ideas recorre mi mente, creo saber que ese solo, único y remoto lugar en mi inconsciente lo creo.
Voces latentes y mudas de palabras nacen y resuenan en lo mas profundo de mi ser.
Mi mente juega con mi conciencia.
Al son de una flauta recorro miles de paisajes mientras escribo este largo soneto de letras sin sentido para uds.
Dibujo rápido una historia entre mis dedos.
La misma tiene lugar en lo mas remoto de mi ser, de mi existencia.
En mi mente.
Mente que no solo es rodeada por demonios y ángeles, sino también por pensamientos que surgen del corazón. Un corazón congelado de pasión, fuego desgarro mi ser, electrocuto mi sensacion de sentir de nuevo una pasión.
Dilema Moral. Poema por terminar:
Había una vez, dilema moral. Existir significa respirar.
Aquella historia cree, dibuje letras vagas y vacías.
Mar de pensares, olas rompen sobre mi cabeza.
Como barco meciendose, duermo en mi inconsciencia.
Sobre ese lago turbulento que parece abrirse hacia un mar de temores y verdades.
Somnoliento respiro ese aroma a bajeza.
La vida dio sus frutos, y yo en mi cabeza dejo un decir moribundo.
El cuerpo ya no se mueve, mis dedos se retuercen.
Un bajo resuena en mi inconsciente.
Aquella voz regresa para oírse.
Y bajo ese turbio mar de temores.
La escucho decir, vuelve Renzo, vuelve.
Y yo ahí acostado, mis labios tiritan.
Mis dedos se marchitan.
Mis ansias se debilitan.
Al sonido de un bajo, resuena en mi inconsciencia.
Platillos suenan, campanas tiemblan.
Ese estruendoso dilema, mata mis ansias.
Nubla mi mente, para pensar si lo que hago.
Es para siempre.
Me levanto, camino rápido.
Pienso; tipeo este poema.
Respiro fuerte, mis dedos se acobardan.
Mis ojos lloran.
Mis labios cantan.
Ahora incorporado, dilema moral.
Que debilita mis ansias.
De pensar, poemas vienen, poemas van.
Cabeza de mi inconsciencia dejame respirar.
Palabras vagas surjan para no irse jamas.
Y ahora estruendosos sonidos dibujo como letras.
Escribo mas rápido temino mi pensar.
Lágrimas corren, me dejo llevar.
Canción de dolor dejame terminar.
Este poema, finalizar.
Renzo Rubén Anconetani
Pero ese alguien no se preocupa por mi. Siento q lo que hago hay veces que no es lo correcto, para mi vida.
Un pensamiento entre miles de ideas recorre mi mente, creo saber que ese solo, único y remoto lugar en mi inconsciente lo creo.
Voces latentes y mudas de palabras nacen y resuenan en lo mas profundo de mi ser.
Mi mente juega con mi conciencia.
Al son de una flauta recorro miles de paisajes mientras escribo este largo soneto de letras sin sentido para uds.
Dibujo rápido una historia entre mis dedos.
La misma tiene lugar en lo mas remoto de mi ser, de mi existencia.
En mi mente.
Mente que no solo es rodeada por demonios y ángeles, sino también por pensamientos que surgen del corazón. Un corazón congelado de pasión, fuego desgarro mi ser, electrocuto mi sensacion de sentir de nuevo una pasión.
Dilema Moral. Poema por terminar:
Había una vez, dilema moral. Existir significa respirar.
Aquella historia cree, dibuje letras vagas y vacías.
Mar de pensares, olas rompen sobre mi cabeza.
Como barco meciendose, duermo en mi inconsciencia.
Sobre ese lago turbulento que parece abrirse hacia un mar de temores y verdades.
Somnoliento respiro ese aroma a bajeza.
La vida dio sus frutos, y yo en mi cabeza dejo un decir moribundo.
El cuerpo ya no se mueve, mis dedos se retuercen.
Un bajo resuena en mi inconsciente.
Aquella voz regresa para oírse.
Y bajo ese turbio mar de temores.
La escucho decir, vuelve Renzo, vuelve.
Y yo ahí acostado, mis labios tiritan.
Mis dedos se marchitan.
Mis ansias se debilitan.
Al sonido de un bajo, resuena en mi inconsciencia.
Platillos suenan, campanas tiemblan.
Ese estruendoso dilema, mata mis ansias.
Nubla mi mente, para pensar si lo que hago.
Es para siempre.
Me levanto, camino rápido.
Pienso; tipeo este poema.
Respiro fuerte, mis dedos se acobardan.
Mis ojos lloran.
Mis labios cantan.
Ahora incorporado, dilema moral.
Que debilita mis ansias.
De pensar, poemas vienen, poemas van.
Cabeza de mi inconsciencia dejame respirar.
Palabras vagas surjan para no irse jamas.
Y ahora estruendosos sonidos dibujo como letras.
Escribo mas rápido temino mi pensar.
Lágrimas corren, me dejo llevar.
Canción de dolor dejame terminar.
Este poema, finalizar.
Renzo Rubén Anconetani
martes, 23 de diciembre de 2008
Una penumbra en mi mente
En la penumbra miles de pensamientos pasan por mi mente.
Existo sin respirar, mi alma claramente se ve reflejada en ese has de luz resplandeciente.
En la penumbra existo, mi reflejo acechado por demonios, resiste infinitamente.
Un infierno oscuro, sin sonidos ni sentidos.
Mi ser claramente cansado, lucha fuertemente.
Salir de ese lugar, tristemente siento no poder lograrlo facilmente.
Siento que demonios revolotea alto.
En la penumbra de mi mente.
Y yo acostado en mi cama. Sueño; triste estoy, por no tenerte a mi lado.
Grito cristo santo, oscuro y silencioso lugar en mi inconsciente.
Como flautas soplan y ángeles volando alto, quiero poder yo mover mis manos.
En mi penumbra, cristo santo.
Deseo levantarme y dejar mi espanto.
Sobre mis venas, siento pinchasos.
Sobre mi cuerpo latigasos.
Y me veo rodeado de demonios; no descanso de mi lucha por poder vivir sin gritar ni llorar; existir una vez mas.
Y decir con palabras suaves cristo santo.
Allá voy, dejame partir hacia ese lugar que jamas vi.
Penumbra en mi mente, ahora se desvanece.
Y te veo a mi lado, que te alejas para siempre.
Me veo partir, no te preocupes.
Ya me veras otra vez, en aquel lugar que no viste jamas.
Soñaste con el, alguna vez.
Y soñaras una vez mas.
Y Ahí estaré cuando vengas.
Para decirte, no tengas miedo.
Al sonido de flautas.
Quiero que digas.
Llegue para no irme nunca mas.
Renzo Rubén Anconetani
Existo sin respirar, mi alma claramente se ve reflejada en ese has de luz resplandeciente.
En la penumbra existo, mi reflejo acechado por demonios, resiste infinitamente.
Un infierno oscuro, sin sonidos ni sentidos.
Mi ser claramente cansado, lucha fuertemente.
Salir de ese lugar, tristemente siento no poder lograrlo facilmente.
Siento que demonios revolotea alto.
En la penumbra de mi mente.
Y yo acostado en mi cama. Sueño; triste estoy, por no tenerte a mi lado.
Grito cristo santo, oscuro y silencioso lugar en mi inconsciente.
Como flautas soplan y ángeles volando alto, quiero poder yo mover mis manos.
En mi penumbra, cristo santo.
Deseo levantarme y dejar mi espanto.
Sobre mis venas, siento pinchasos.
Sobre mi cuerpo latigasos.
Y me veo rodeado de demonios; no descanso de mi lucha por poder vivir sin gritar ni llorar; existir una vez mas.
Y decir con palabras suaves cristo santo.
Allá voy, dejame partir hacia ese lugar que jamas vi.
Penumbra en mi mente, ahora se desvanece.
Y te veo a mi lado, que te alejas para siempre.
Me veo partir, no te preocupes.
Ya me veras otra vez, en aquel lugar que no viste jamas.
Soñaste con el, alguna vez.
Y soñaras una vez mas.
Y Ahí estaré cuando vengas.
Para decirte, no tengas miedo.
Al sonido de flautas.
Quiero que digas.
Llegue para no irme nunca mas.
Renzo Rubén Anconetani
lunes, 22 de diciembre de 2008
Sordera de amor
Camino rápido por la llanura de lo impensable.
Escucho violines sordos en sonido.
Grito ayuda; nostalgia me agobia.
Violines suenan cada vez mas fuerte.
Pero no los escucho.
Trato y trato.
Un grito de ayuda pasa por mi mente.
Pensamientos que surgen de mi corazón.
Agobian mi mente.
Escucho sonidos sordos.
Pero resplandecientes.
Camino rápido por la llanura de lo intangible.
Miro tu riza, muda pero visible.
Mas rápido; suenan campanas.
Pero sigo sordo.
Sordo de pasión.
Sordo de amor.
Sordo de dolor.
Miro sin mirar.
Grito sin gritar.
Violines suenan.
Algún día sonaran.
Y yo ahí voy a estar.
Y los voy a escuchar sonar una vez mas.
E ahí tu grito de verdad.
E ahí tu grito de amor.
Cantas al son.
De tu dolor.
Vives el hoy.
Y escucho tu canción.
La escucho con mi corazón.
Oídos sordos sin dolor.
Ahora se abren y escuchan.
Tu canción.
Canción de amor.
Derrota y ambición.
Canción de amor.
Que fija su pasión.
Y ahora estoy.
Sentado en la llanura de lo impensable.
Sintiendo tu riza reír.
Tu ser existir.
Violines suenan.
Violines viven.
Violines te hacen vivir.
Para yo poder verte.
Reír, reír, reír.
Renzo Rubén Anconetani
Escucho violines sordos en sonido.
Grito ayuda; nostalgia me agobia.
Violines suenan cada vez mas fuerte.
Pero no los escucho.
Trato y trato.
Un grito de ayuda pasa por mi mente.
Pensamientos que surgen de mi corazón.
Agobian mi mente.
Escucho sonidos sordos.
Pero resplandecientes.
Camino rápido por la llanura de lo intangible.
Miro tu riza, muda pero visible.
Mas rápido; suenan campanas.
Pero sigo sordo.
Sordo de pasión.
Sordo de amor.
Sordo de dolor.
Miro sin mirar.
Grito sin gritar.
Violines suenan.
Algún día sonaran.
Y yo ahí voy a estar.
Y los voy a escuchar sonar una vez mas.
E ahí tu grito de verdad.
E ahí tu grito de amor.
Cantas al son.
De tu dolor.
Vives el hoy.
Y escucho tu canción.
La escucho con mi corazón.
Oídos sordos sin dolor.
Ahora se abren y escuchan.
Tu canción.
Canción de amor.
Derrota y ambición.
Canción de amor.
Que fija su pasión.
Y ahora estoy.
Sentado en la llanura de lo impensable.
Sintiendo tu riza reír.
Tu ser existir.
Violines suenan.
Violines viven.
Violines te hacen vivir.
Para yo poder verte.
Reír, reír, reír.
Renzo Rubén Anconetani
domingo, 21 de diciembre de 2008
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