viernes, 18 de septiembre de 2009

Fiesta pueblerina

Esquirlas en mi piel,
y pañuelos en el aire.
Pintoresco amanecer,
y cantos incesantes.

Los viejos trapos del pueblo,
resuenan en el aire.
20 años de recuerdos,
guitarras, bailarines y cantantes.

Y esta vieja guitarra sin cuerdas,
que ya no suena como antes.
Lleva este corazón,
como barco sin motor,
hacia aviones kamikases.

Don Pedro, anciano pueblerino,
da comienzo al baile.
15 minutos de más,
y ya se hacía tarde.

Puntualidad nunca falta.
En el pueblo,
Alegrías y tristezas.
Fiesta pueblerina,
a mucha honra y sin bajezas.

Guitarra y bombo;
noche chacarera.

Solo falto yo,
cantante neto y compadron.
Los viejos trapos del pueblo,
y 20 años de recuerdos.

Llevan este corazón,
como barco sin motor.
Símbolo precioso,
de mi amor y devoción.

© Renzo Rubén Anconetani -Septiembre 2009

martes, 15 de septiembre de 2009

El hombre y el espejo

Hielo derretido.
Corazón derrumbado.
Lo que ha sido,
y lo que pudo ser,
ya es pasado.

Desnudo enfrento un espejo.
Pero desde el otro lado,
el reflejo es un hombre extraño.

Se encuentra solo y esta llorando.
Y la verdad es dilema de una realidad en falso.
La piel, un vidrio quebrado.
Y el mundo un pensamiento girando.

En una neblina,
sentimientos encontrados.
Difumina realidad,
dilema existencial entre mis manos.

Y la verdad es dilema de una realidad en falso.
Frente a un espejo.
Hombre en llantos.
Revela su verdad.
Oculta su pasado.

20 años y mas,
estampida de sueños,
metáfora cegadora,
de ojos lagrimosos.

De este hombre tenebroso,
con su cuerpo agitado,
su alma lastimada,
y su grito silencioso.

© Renzo Rubén Anconetani -Septiembre 2009

Ruedas de libertad

Las dos ruedas; su libertad,
y también su destino.
Esas ruedas eran su ley,
y esta misma ha desaparecido.

Pocos fueron sus años,
pero que bien vividos.
Practicó la felicidad,
sin haberle sonreído.

Afirmandole a la sociedad,
que las dos ruedas,
eran mas que una necesidad.

Cuando no importa nada.
Cuando mi mente esta agotada.
cuando ya nada tiene sentido.

Solo esta el recuerdo de esas ruedas en el camino.
El ruido estremecedor de los cuatro cilindros.
Melodías sin palabras,
que llenaban su vacío.

Sonrió a la muerte.
Siguió su destino.

Estas eran sus palabras,
que a menudo practicaba.

Como el que practica una religión.
O como el que practica la drogadicción.

La sociedad no lo entiendo.
Ni entenderá.
Que las dos ruedas eran su necesidad.

© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009

domingo, 13 de septiembre de 2009

Estrellas y tristesas (poema gauchesco)

Contemplar la inmensidad del universo en una noche sin luna.
Y Navegando en un vasto mar de estrellas,
cuando mi alma sola baila con soltura.

Y entre montes y montañas,
cerros y colinas,
se distingue una marea,
que inunda sueños y alegrías.

Vasto mar de estrellas,
y universos paralelos,
que se abren en un cielo de injurias y tristesas.
Y que arraiga con pañuelos,
poncho al hombro y chacarera!!!

© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009

Pecho a pecho y corazón

Deseo hacerte el amor,
como si fuera el último momento de mi vida.
Sentir tu calido abrazo,
pecho a pecho,
palpitando el corazón.
Y que guíes mi visión,
como barco a la deriva.

Torcer las agujas que consuman el calor,
de mis sentimientos tan urgentes.
Y con mis manos tocar tu corazón,
desafiando escaleras y dolor,
que se trepan en lo alto de mi mente.

Tu ternura es mi devoción,
y tu alma mi amante.
Como barco a la deriva,
pecho a pecho y corazón,
de este amor gratificante.


Tan sensato es mi corazón,
que tus labios impregnan mi memoria,
con un perfume de vanguardia,
que la consumen toda.

Y baja el ruido de mi voz,
y quítame el temor a equivocarme.
Nunca fui un experto en el amor,
enséñame el camino para amarte.

Y tu ternura es mi devoción,
y tu alma mi amante.
Como barco a la deriva,
pecho a pecho y corazón,
de este amor gratificante.


© Renzo Rubén Anconetani & Lucas Emanuel Lestard -Agosto 2009

miércoles, 19 de agosto de 2009

Y poco a poco

Con tu boca que poco a poco roza mi ternura,
y tu alma que contempla mi corazón.
Puedo vernos juntos a los dos,
y con tus labios besas mi pasión.
De una vida sin sentido y amargura.

Y tu alma que roza mi canción,
entre miedos y temores,
yo canto con pasión.
Canto y cantaré sin razón,
y a tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.

Y no cabe razón alguna para mi amargura,
siento en mi, que mi dolor se aleja con soltura,
y al son de esta canción,
acabaré con las ansias de mi temor.

Y poco a poco tu boca roza mi ternura,
y entre miedos y temores yo canto con pasión.
Canto y cantaré sin razón,
y tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.

Y ese esplendor que me inhibe por completo,
de este cuerpo desganado y deshecho.
Surge en mí como destello celestial,
y mi alma que se aleja para nunca regresar.

Y poco a poco me alejo sin querer,
de este mundo maltrecho y doloroso.
Y te digo al oído poco a poco,
canto y cantaré sin razón,
y tu alma tocaré, para que encuentres mi perdón.

© Renzo Rubén Anconetani -Agosto 2009

sábado, 15 de agosto de 2009

Poco a poco

Buscamos simplemente la sabiduría diaria de cómo encarar poco a poco las horas que pasan y añejan nuestros poco a poco marchitos cuerpos.
Una sola caricia podría evadir el desgaste otoñal como hojas que caen a la vera del camino asfaltado de nuestras vidas sin sentido.
Una sola sensación de aceptación nos convierte en los perros que somos, no exentos de nuestra propia realidad matutina, pero si haciéndonos parte del todo universal.
Babeando y regocijandonos ante las manos de nuestro amo (nuestra fachada), nos vemos inmersos en un mar denso de dudas existenciales de ser parte del todo. Sin embargo, aquellas sensaciones paralelas a nuestras emociones de nuestra fachada anhelan poder salir a la luz y declararse culpables por todos nuestros actos a futuro.
Simplemente la relación entre ambos paradigmas limita la comprensión de este autor. Yo me desligo de toda reacción causa-efecto en base a una correlatividad por mis siguientes pasos.

"Somos perros obedientes de un sistema de caricias y premios, y como todo can disfrutamos de estos por nuestra naturaleza obediente. Nuestro amo suele enojarse con nosotros y nos pega duro. Pero luego pasa su enojo como nosotros olvidamos ese fuerte golpe, para así paso siguiente volver a las manos del mismo moviendo nuestra cola y regocigandonos de alegría por una simple caricia matutina."

Poco a poco el viento se lleva todos nuestros deseos de lucha insignificantes y nuestros cuerpos que poco a poco sufren los efectos del tiempo descansan libremente de maltratos e impertinencias de nuestra cotidiana vida laboral.

Renzo Rubén Anconetani