lunes, 22 de diciembre de 2008

Sordera de amor

Camino rápido por la llanura de lo impensable.
Escucho violines sordos en sonido.
Grito ayuda; nostalgia me agobia.
Violines suenan cada vez mas fuerte.
Pero no los escucho.
Trato y trato.
Un grito de ayuda pasa por mi mente.
Pensamientos que surgen de mi corazón.
Agobian mi mente.
Escucho sonidos sordos.
Pero resplandecientes.
Camino rápido por la llanura de lo intangible.
Miro tu riza, muda pero visible.
Mas rápido; suenan campanas.
Pero sigo sordo.
Sordo de pasión.
Sordo de amor.
Sordo de dolor.
Miro sin mirar.
Grito sin gritar.
Violines suenan.
Algún día sonaran.
Y yo ahí voy a estar.
Y los voy a escuchar sonar una vez mas.

E ahí tu grito de verdad.
E ahí tu grito de amor.
Cantas al son.
De tu dolor.
Vives el hoy.
Y escucho tu canción.
La escucho con mi corazón.
Oídos sordos sin dolor.
Ahora se abren y escuchan.
Tu canción.
Canción de amor.
Derrota y ambición.
Canción de amor.
Que fija su pasión.
Y ahora estoy.
Sentado en la llanura de lo impensable.
Sintiendo tu riza reír.
Tu ser existir.
Violines suenan.
Violines viven.
Violines te hacen vivir.
Para yo poder verte.
Reír, reír, reír.

Renzo Rubén Anconetani

domingo, 21 de diciembre de 2008

Sin palabras ni poemas, maldad pura


Pobre se quedo dormido jajajajajajajajaja

sábado, 20 de diciembre de 2008

Tambores Suenan.

Tratando de tocar estrellas al son de una marimba.
Estruendosos tambores resuenan.
En este cielo gris y desolador.
Contemplando la inmensidad majestuosa de la creación.
Como si ángeles tirando incienso volaran alrededor mio.
Grito sin gritar tratando de olvidar.
Olvido sin soñar a aquel preciado ser.
Aquel ángel andante.
Andante de mi corazón.
Tambores suenan.
Entró en mi; incienso voló.
Surgió de él, amor y desolación.
Entristeció mi razón,
desgarró mis ansias,
desveló mi sueño.
Y solo quiero.
Soñar con él.
Verlo partir.
Verlo volver.
Sertirlo gritar.
Gritarle a él.
Y viendo el cielo abrirse.
Despejarse de nubes grises.
Te veo volver.

Renzo Rubén Anconetani

sábado, 13 de diciembre de 2008

Para Ella

Una mirada que abruma, resplandor de noche de luna. Ella con su negro pelo lasio, con su andante caminar deleita mis ojos en este oscuro lugar rojo. Amor de mis amores, lujuria de mi mente, que con sigilo aparente cautiva mi corazón en esta noche de dolor y memoria transparente. Ebrio de pasión. Yo por vos caminaría kilómetros solo para decirte que hermosos ojos tienes y gritarte con soltura te amo, te amo amor mio hoy y siempre.

Renzo Rubén Anconetani

ANGEL

Tambien podria ser un deja vu.
Pero eso paso, yo lo vi.
Tenia la cara roja de verguenza.
Sus lavios tiritaban,
la desdicha lo corrompia.
En duras penas, angel del amor.
Angel de la desesperacion,
fuiste atrapado.
Pintando ese mural,
con letras de protesta,
de falsedad,
de odio hacia lo terrenal.
Angel, no protestes.
Angel, no exclames.
Angel te dicen.
Angel del amor.
Que una vez te vi.
Pintando, paz y reencor.

Dedicado a Angel Bel (anonimo protestante por la dictadura militar).

Renzo Rubén Anconetani

MUERTO

Siento una presencia que anula mis verdades mas siñestras.
Cien cuervos negros revolotean junto a este ser, a esta cosa sin vida ni corazon. Ronda al rededor mio, con sigilo y cautela. Sus ropas arapientas pero de negro oscuro marcan una presencia sombria pero respetable.
No se irá sin su proposito.

Minutos pasan, pero son eternos.
Verdades del mundo a mis pies.
Devoran mi ambicion.
Consumen mis ansias.
Y me doy vuelta solo para ver,
A ese ser decirme
Con desdicha y des amor.
Todo ya pasó.
Vamos ya.
Tu tiempo se acabó.

Renzo Rubén Anconetani

domingo, 7 de diciembre de 2008

Veloz

Si te das cuenta, yo soy solo un hombre. Con ansias de vivir.
Pero la vida pasa tan rapido que los segundos y los minutos estan contados.
No obstante el tiempo no exite. Esos minutos y segundos que contaste se desvanecieron en un mar de dudas y temores de saber que el tiempo pasa volando.
Y vos te reiras...
Yo soy solo un hombre, un chico. Pero te digo que no queda tiempo. El tiempo se desvanecio; ahora es relativo.
Tu vida pasa tan veloz que ni el tiempo te la cuenta.

Renzo Rubén Anconetani